Las Misiones de California

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La historia de las misiones de California abarca solamente unas pocas décadas. Pero, dentro de este breve plazo de tiempo ocurrió uno de los fenómenos más destacados en la historia de este país.

Aunque se han propuesto varias teorías y explicaciones que han intentado clarificar su asentimiento y continuación, queda patente que las misiones exigieron una influencia duradera en la historia de California antes y después de que llegó a ser éste un estado bajo la bandera de los EU. En realidad, a partir de 1850, el gobierno de nuestra nación seguía con su reconocimiento del papel que desempeñaron las misiones, sirviendo de representantes del poder político e influencia cultural de la Iglesia Católica y del imperio español.


¿Por qué establecer un sistema de misiones en California?


Cuando Cortés conquistó Méjico en el nombre de su rey, se incluyó el deber de difundir el poder de la religión católica. Según el tratado firmado entre el Papa y los reyes españoles, la conquista y el establecimiento de cualquier territorio nuevo bajo la corona española tenía que incluir una tentativa por parte de la corona de convertirles al catolicismo a los indígenas que habitaban dichas tierras nuevamente adquiridas.

Con esta intención fijada en la mente, los españoles decidieron establecer lugares a donde los nativos podrían acudir para recibir protección e instrucción religiosa. Pero en realidad, el propósito principal constaba de fines múltiples.

Además del fervor religioso que guiaba a los franciscanoss y a otros españoles en establecer las misiones, había otras fuerzas que ejercían su influencia en la decisión de penetrar los territorios al norte de Méjico. El rey de España (Carlos III) estaba convencido de que existía la amenaza inminente de incursiones en estos territorios por los rusos y por otros grupos. Estas personas vinieron a Alta California en busca de las vastas cantidades de focos y de nutrias marinas que existían a lo largo de la región costelera. Estos cazadores de pieles habían destruido las poblaciones de estos animales en sus países y necesitaban descubrir nuevos recursos para poder satisfacer la demanda para estas pieles preciosas.

Por eso, el rey encomendó que se desarrollara Alta California lo más pronto posible para establecer una presencia española en la región y para evitar conflictos con entidades de otras naciones.

Como era la costumbre de aquella época de exploración y asentimiento, los españoles se establecieron cerca del mar para estar cerca de las bahías donde podían llegar los barcos que vinieron, primero para abastecerles a los colonos, y segundo para llevar sus mercancías, una vez que se produjeran en cantidades suficientes para vender en otras partes de las colonias españolas y en Europa. El puerto más importante durante muchos años era San Diego. Por eso, se decidió establecer las misiones a una distancia más o menos fija entre cada una. De esta manera era posible llegar a una misión en cierta cantidad de tiempo previsto en tiempos de sublevaciones, incursiones forasteras, y para llevar a cabo la recolección y distribución de productos destinados por los habitantes de la región y para exportación en los barcos. Esta ruta que encadenaba las misiones llegó a ser nombrada "El Camino Real".

Junípero Serra


Sin duda la persona cuyo nombre se reconoce más al mencionar las misiones de California es Fray Junípero Serra. Después de la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles ambos peninsulares y coloniales, persistía la necesidad de continuar la conversión religiosa de los indígenas del Nuevo Mundo. El rey de España decidió pedir ayuda a los frailes de la orden franciscana. El rey incluyó una especificación importante en sus órdenes a los nuevos misioneros: la Iglesia tendría que costear los gastos asociados con la construcción y mantenimiento de las misiones. Iban a ser entidades independientes en términos económicos. Para llevar a cabo este empeño tan grandioso era necesario encontrar a una persona que pudiera servir no sólo de administrador audaz y competente. También de gran importancia era que fuera una persona de fervor religioso profundo, compasivo, y agresivo. Aquella persona era Junípero Serra. Hay varios libros escritos que alaban su pasión por convertir a los nativos y sobre sus ambiciosos esfuerzos para establecer una cadena de misiones a lo largo de la costa de Alta California. Es posible encontrar fuentes de información por medio de búsquedas en el Internet. Consta decir solamente que si no fuera por él y por los otros administradores que lo siguieron, el sistema de misiones no habría perdurado ni florecido durante tanto tiempo.

Propósito de las misiones
Los frailes llevaban el deber de iniciar contacto con los habitantes de las nuevas regiones. Por lo tanto, se veían dedicados a acostumbrarles a los habitantes nativos y prepararles para su entrada en la nueva sociedad que les esperaba. Las metas más importantes para los misioneros eran:

1) convertir a los indígenas a la fe católica
2) prepararles para luego poder coexistir dentro de la sociedad hispana
3) establecer una mano de obra para producir productos y comida en cantidades de exidente que sostendría a los soldados apostados en la región y a los nuevos colonos durante los primeros años de asentimiento en la región.

Muchos historiadores opinan que los frailes sirvieron como fin casi exclusivo de organizar y nutrir a la mano de obra que se necesitaba para desarrollar la economía de los nuevos territorios. En otras palabras, extendieron la política de explotación de los habitantes por razones económicas, la misma política, que en Méjico, y casi el resto del Nuevo Mundo, se dirigió a la subyugación de los habitantes para mantener control sobre sus números y sus acciones. Este precepto se llamaba "congregación" o "reducción"

Religión
A la misma vez que se establecieron las nuevas colonias, los pueblos, y apaciguaron a los habitantes de los territorios, los españoles iniciaron esfuerzos para la conversión de la población indígena a la fe católica según el dictamen papal y el deber impuesto en ellos por la corona española, la cual se consideraba la representante secular de la Iglesia Católica. No era raro que los frailes/sacerdotes precedieran a los soldados o a los conquistadores en establecer contactos preliminares con los indígenas en los nuevos territorios. Una vez establecidos en la región, los franciscanoss invitaron a los nativos a dejar su vida "salvaje", cambiándola por una vida dedicada a su nuevo Dios y a ser protegidos en las misiones. Las tribus de Alta California vivían una vida nomádica persiguiendo caza para llenar los morrales (game bags). No muy dispuestos al trabajo, era un poco difícil convencerles a los nativos que una vida en la misión basada en la labor diaria les fuera a su beneficio y mejora espiritual. Los españoles vinieron en busca de terrenos en que pastar los ganados y los rebaños de ovejas. Los terrenos que antes ocupaban las tribus rápidamente empezaron a entregarse al control y dominio de los nuevos habitantes de la región. Al aparecer más y más soldados y otros forasteros, se dieron cuenta de que les era oportuno vivir bajo la protección de los misioneros en vez de competir libremente en una economía dictada por los nuevos colonizadores.

Lo interesante es que las misiones: los edificios, las cosechas, las herramientas, todo, en realidad eran las posesiones exclusivas de los nativos. Los frailes servían de administradores fiscales y religiosos a los indios que habían decidido vivir en las misiones. Lo irónico es que si los indios intentaban salir de las misiones, les era prohibido. Los soldados de la región, muchas veces apostados en las misiones mismas, los persiguieron, los captaron, los castigaron, y los devolvieron a la misión como si fueran criminales. A los indígenas, les causó mucho rencor ser castigados por los soldados o por los colonos; una amargura que resultó en conflictos y resentimientos que hoy en día se notan en las relaciones entre los indígenas y las autoridades.

Mientras que se dedicaran a aprender de la fe católica, trabajaran en los campos de la misión, y se portaran con una actitud civilizada y cristiana, los indígenas vivieran una vida tranquila y relativamente próspera. Algunos de los neófitos (como llegaron a ser nombrados) se dedicaron a la fe y se convirtieron al catolicismo. Otros, por razones más egoístas, fingieron su conversión para aprovecharse de la protección personal y económica que les proporcionaba la vida en las misiones.

Siempre que los españoles organizaron expediciones de exploración o de explotación era necesario que les acompañara a los soldados un representante de la iglesia. De esta manera, el proceso de conversión podía ser iniciado a la misma vez que los nuevos terrenos fueron establecidos en el nombre del rey y la fe católica, según indicaba el tratado entre la corona española y la iglesia católica.

A veces, eran los religiosos que iniciaron expediciones de descubrimiento a las regiones menos conocidas y más remotas. Los soldados los acompañaron con el deber de proteger a los frailes contra los nativos que resistieron las incursiones españolas en sus territorios. Pero, eran los frailes los que ganaron la confianza de los indígenas por su sinceridad y manera sosegada de tratar a los indígenas. Los religiosos intentaron convencerles a los nativos a considerar abandonar a sus dioses paganos a favor del Dios cristiano por ofrecerles oportunidades económicas y una vida protegida con tal que continuaran en su rumbo a la conversión, vivieran y trabajaran en la misión.

Inicialmente atrajeron a los nativos por medios más directos. Les ofrecieron bisutería y otros objetos atractivos a esta gente que valuaba tales posesiones. Otras maneras más indirectas se emplearon para incentivar a los más reticentes. Los misioneros les atraían a los niños y a las mujeres de las tribus a las misiones por cualquier modo posible. Por lo tanto, los padres o las familias y los queridos, les iban en busca. Por razones no muy bien entendidas, muchos de los nativos decidieron quedarse con los padres en las misiones. Se propone que en parte el encanto inicial de las misiones por parte de los nativos era una curiosidad que formaba parte de su carácter, la cual los frailes estimularon a cada oportunidad.
Esto no quiere decir que los misioneros no experimentaban resistencia a sus esfuerzos para convertir a los nativos. Por razones culturales, políticas, y religiosas, no era fácil convencer a los indígenas que la vida en las misiones era mejor que la vida tradicional que sabían y practicaban durante siglos antes de la llegada de los españoles en sus territorios.

La base social y política de la mayoría de las tribus que habitaban Alta California era una de poder heredada. Al aceptar la vida en las misiones se interrumpiá este sistema porque todos los neófitos ahora se veían obligados a someterse al poder de los franciscanos y las autoridades civiles que jugaban un papel en el proceso administrativo de las misiones y la economía de la región. Sin derecho a palabra en las decisiones que les gobernaban, los caciques y otros líderes de las tribus pronto perdieron su control sobre las vidas de los de sus tribus. Además, muchos aspectos de sus culturas perecieron por falta de líderes tradicionales.

Pero, en realidad se subestimó la vitalidad de los vínculos culturales que existían entre los nativos. No era posible erradicar por completo estos vínculos por razones muy básicas. Los indígenas que vivían en las misiones sufrían de muchas enfermedades que resultaron en un alto nivel de muertes entre los nativos. Por eso, siempre era necesario que los franciscanoss fueran en busca de nuevos conversos de entre los indígenas que habían negado aceptar la vida de las misiones. Así, la población de las misiones siempre se imbuía de los portadores de las culturas y creencias tradicionales. De resultado, no se perdieron por completo, sino que en realidad persistieron, y hasta cierto punto, se mezclaron con las nuevas creencias cristianas.


Las pre-concepciones de los españoles
La mayoría de los españoles y europeos en general, incluso los franciscanoss, consideraban que los indígenas eran salvajes, pero de suficiente valor para merecer ser salvados. Muchos de ellos los estimaban como niños que necesitaban ser guiados a la vida correcta para obtener las salvación. Los trataron como si fueran niños incapaces de aprender a hacer nada más que los trabajos de menos adiestramiento.

El destino de los indígenas
Siendo que
a los religiosos les era prohibido tener posesiones personales a su beneficio económico, resultó que las misiones en realidad pertenecían a los indígenas que las habían construido y mantenido. El concepto inicial era que los padres guiasen a los habitantes a la cristiandad por medio de sus trabajos en las misiones. Un concepto correlativo era el de prepararle a los indígenas para tolerar y participar en la cultura colonial que rápidamente les estaba rodeando y que por cierto les absorbería. Es por eso que era necesario que los habitantes se quedaran en las misiones hasta que llegara el día en que estuvieran preparados para confrontar su futuro como participantes en la sociedad hispana que les esperaba más allá de los terrenos misioneros. Desgraciadamente el día en que los nativos tuvieron que abandonar las misiones llegó más temprano de lo que se esperaba, y muchos de los habitantes, en vez de estar preparados para participar en la cultura y la sociedad colonial se vieron culturalmente a la deriva. Muchos de ellos se dieron a las tentaciones presentadas por el alcohol por no saber controlar sus deseos, y para disminuir la depresión que les afligía por no ser aceptados por los colonos. Otros nativos, sin mucho éxito, intentaron volver a su vida anterior. Pero era evidente que su modo de vida pasada no podría perdurar en la presencia de la influencia y del poder del que gozaban los españoles, sus descendientes, y los norteamericanos.

En realidad, los misioneros realizaron una de sus metas de crear otra cultura para los nativos. Se evolucionó una cultura que resultó ser una combinación de la indígena preexistente y la de los colonos. Lo importante es que esta nueva cultura en verdad no les servía bien a los indígenas porque los colonos no los aceptaron. A los pocos indígenas que decidieron no entrar en las misiones, tampoco los aceptó. Sin poseer el aprendizaje necesario para funcionar independientemente dentro de la nueva cultura hispana, y más tarde en su historia, los norteamericanos, sin convicciones religiosas bien fundadas, y sin un buen mando de la lengua española, los indígenas ahora sin la protección brindada por los frailes y los confines de las misiones, sufrieron en manos de los soldados, los ciudadanos hispanos, y si no fuera de más, los norteamericanos que habían empezado a crecer en número dentro de la región.

Control y protección
Los españoles podrían agrupar a los indígenas de una región en un lugar controlado por soldados, así que se estableció un modo eficaz de combatir contra los posibles levantamientos por parte de los indígenas ya subyugados por sus nuevos patrones. Por eso, cada región conquistada por los españoles fue dividida en terrenos gobernados por individuos nombrados por el virrey (persona que gobernó en nombre del rey de España). Estos individuos estaban encargados de mantener la paz en su región con la ayuda de soldados en la región. También aceptaron el deber de facilitar la conversión de los nativos, ayudando a los frailes en sus esfuerzos dedicados a este proceso.

Muchos de los soldados que acompañaron a los misioneros y que vivían cerca de las misiones detestaban la idea de no estar con sus familias o de no gozar de las mismas oportunidades económicas o profesionales que tenían los otros soldados que se quedaban en la capital del virreino en Méjico. No querían servir en esta región tan remota. Frustrados, sin mucha educación ni oportunidades para mejorar su estado personal, profesional, o económico, maltrataron a los indígenas hasta el punto de matarlos a unos por haber cometido infracciones menores. Los indígenas pronto aprendieron que los soldados no iban a tolerar sus tradiciones y los evitaron a todo costo.

Economía
Los españoles necesitaban encontrar una fuente de mano de obra que apoyara la creación de una economía colonial. Antes de que se calmara el fervor de la conquista de los territorios nuevos, aparecieron agricultores, hombres de negocio, y otras personas dedicadas a la fundación de una economía viva en esta parte del Nuevo Mundo. Para llevar a cabo sus metas económicas, y sostener a los colonos, era necesario crear una mano de obra suficiente para sostener la producción agropecuaria de la región. De primera necesidad era la producción agrícola para sostener la vida de los colonos mientras que el resto de la economía pudiera establecerse. Los nativos sirvieron para trabajar en los campos, las minas, la industria pesquera, y en todos los otros aspectos de la economía colonial. Esta vida de trabajo duro bajo el control de patrones a veces severos en su trato, les causó a muchos de los indios que vivían fuera de las misiones, considerar someterse a la vida en una misión donde pensaban que podrían estar más seguros y mejor tratados.

Las misiones tenían el deber de subastar a los colonos y los soldados con productos de superávit. En cambio, las misiones recibieron pagarés en sus cuentos pagaderos por el gobierno. Las misiones produjeron muchos productos que vendieron en otras partes de las colonias y en España. Como era de esperarse, se produjeron granos, carne de res, pieles de vaca y de otros animales.

Por tener la mano de obra suficiente al alcance, las misiones podían producir cantidades en exceso de sus necesidades. Estos productos se ofrecieron en el mercado libre en competición con los productos procedentes de labores en el sector privado. Por eso, resultó un resentimiento por parte de los rancheros hacia las misiones por competir por recursos económicos. Desafortunadamente, muchas de estas personas transformaron su enojo en el maltrato de los indígenas que habitaban las misiones.

La vida en las misiones

 

La vida de los indígenas en las misiones pronto se convirtió en una rutina aburrida que ejerció efectos psicológicos negativos. El día fue medido por el sonido de las campanas de la misión. Los habitantes se despertaron, iniciaron el trabajo del día, comieron, rezaron, y se retiraron a sus barracas al son del campanario.

Durante el día recibieron instrucciones catequistas, rezaron, y oyeron la misa. Todo ocurrió en español. Lo irónico y lamentablemente verdadero es que los indígenas no recibieron lecciones en la lengua española. Por eso, no entendián la mayoría de lo que les decían los misioneros. Los misioneros, en gran parte, no se esforzaban para aprender las lenguas maternas de los indígenas. Tampoco eran dados al estudio de las culturas o religiones de las poblaciones que gobernaron. Sin este conocimiento para guiarse en sus relaciones con los nativos, los misioneros menospreciaban la habilidad de los nativos de aprender lo necesario para sobrevivir en la nueva sociedad hispana. Por eso, los trataron como si fueran de una mentalidad infantil.

Los hombres y las mujeres solteras ocupaban residencias apartes. No se permitía el contacto entre los sexos a menos que los individuos estuvieran casados, excepto en ocasiones festivas o las supervisadas por los misioneros. Esta práctica iba en contra de las normas culturales de los nativos y resultó en que algunos de los nativos abandonaron las misiones.

La vida tradicional de los nativos no se basó en la agricultura, la cual demanda la atención y el cuidado constantes. En cambio, los indígenas eran colectores de raíces y cazadores de animales. Cuando tenían lo suficiente para sostenerse por cierta cantidad de días, dejaban de cazar o de buscar plantas. Pero en las misiones, cada día fue un día de trabajo para los habitantes. Este trabajo penoso causó mucha depresión mental entre los habitantes de las misiones. Probablemente fue la causa principal para el abandono de las misiones por los indígenas.

Sin acceso directo y libre a su religión y a otras costumbres tradicionales, los habitantes se sentían perdidos. Aunque los misioneros intentaron que los nativos abandonaran estas tradiciones, los habitantes descubrieron maneras en que podían mantenerlas vivas. Como ya se mencionó, la alta tasa de la muerte entre los nativos aseguró que nuevos portadores de las costumbres tradicionales entraran en las misiones para reemplazar a los que habían fallecido. De esta manera, las costumbres y sus influencia en los indígenas, aún en los que se convirtieron al catolicismo, sobrevivieron hasta después de la extinción de las misiones.


Las tres épocas de las misiones

En sus años iniciales, las misiones estaban bajo el mando de los franciscanoss. El gobernador de la región, en el nombre del rey de España, también ejercía control sobre las misiones. Pero, cuando Méjico declaró su independencia de España, las misiones empezaron a perder su control por los clérigos. Méjico se veía en necesidad de la renta que podían proporcionar los productos de las misiones, y como resultado, empezó a demandar más producción. Pero, el gobierno no siempre podía pagar por los productos. Por lo tanto, las misiones no podían mantenerse a saldos.

La segunda etapa en la historia de las misiones empieza cuando por fin el gobierno mejicano declaró que se repartieran o se vendieran las tierras de las misiones entre los rancheros de la región y los muchos otros mejicanos que querían obtener terrenos. De esta manera, Méjico podría imponer más impuestos en más terrenos para así mantener su gobierno y sus defensas nacionales contra los Estado Unidos en la guerra entre las dos naciones.

La tercera etapa en la vida de las misiones resultó cuando Méjico perdió la guerra contra los Estados Unidos. Tuvo que ceder todos sus territorios al norte de la nueva frontera establecida por el tratado entre las dos naciones. Los propietarios mejicanos de los terrenos que una vez pertenecían a los misioneros ahora estaban abandonados. Tras años de abandono, los edificios y los terrenos de las misiones quedaban en ruinas. Al principio de este siglo, grupos de californianos empezaron a reconocer el legado histórico que representaban las misiones. Estos grupos iniciaron esfuerzos para la reconstrucción y preservación de las misiones. Los gobiernos federal y estatal participaron en estos proyectos de preservación de las cuales hoy podemos gozar a lo largo del Camino Real.

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